25 April, 2026
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Una granizada castigó a la cereza patagónica y reclaman medidas urgentes para sostener la actividad

Una granizada castigó a la cereza patagónica y reclaman medidas urgentes para sostener la actividad

La cadena de la cereza atraviesa una de sus campañas más difíciles de los últimos años. A los problemas de competitividad que el sector viene señalando desde hace meses, se sumó en las últimas semanas un doble impacto que amenaza con profundizar la pérdida de rentabilidad: un fuerte aumento del ingreso de fruta chilena y un temporal con granizo que afectó de manera severa al oeste del Valle Medio rionegrino.

Productores advirtieron que desde noviembre se intensificó la presencia de cereza chilena en el mercado local, lo que presiona los precios internos en plena campaña argentina. La situación se combina con un evento climático que castigó a una franja productiva clave, y que deja a la actividad en un escenario crítico.

Aníbal Caminiti, gerente de la Cámara Argentina de Productores de Cereza Integrados (CAPCI), explicó que el fenómeno no sorprende, pero golpea en el peor momento. “Si bien el mercado chileno siempre estuvo abierto, este año la entrada de fruta aumentó y eso nos está impactando de lleno. Baja los precios, mejora los márgenes del consumidor, pero deja una paradoja evidente: con los costos internos que enfrentamos, hoy no podemos competir en nuestro propio país con la cereza chilena puesta en Buenos Aires”, señaló en diálogo con TN.

Desde el sector insisten en que los costos energéticos, la presión salarial y el esquema impositivo encarecen la fruta porteada desde la Patagonia, mientras que el ingreso de material importado —más barato— profundiza la pérdida de competitividad. “Hoy, literalmente, una cereza de Chile llega más barata que una enviada desde Chubut. Coincidimos con varias de las medidas que impulsa el Gobierno, pero necesitamos alivio. Pedimos herramientas concretas para no quedar fuera del mercado”, remarcó Caminiti.

A la presión comercial se sumó el impacto del temporal registrado este miércoles en el Valle Medio. El granizo castigó una franja de unos 30 kilómetros, desde Chelforó hasta pocos kilómetros antes de Chimpay. Las zonas más afectadas fueron los cuadros ubicados entre la Ruta 22 y el río, aunque sin llegar a la costa.

El daño no terminó allí. Tras la tormenta, el sol reapareció sobre la fruta mojada, generando el escenario más temido: la rajadura del fruto, agravada por la combinación de humedad y calor. “Estamos en un momento de máxima tensión superficial del fruto. El sol posterior multiplicó el daño”, detalló el dirigente.

Los principales establecimientos del área activaron inmediatamente trabajos de secado, con trenes de curadoras recorriendo los montes para eliminar las gotas de agua. Sin embargo, las pérdidas ya son inevitables. A la merma inicial del 25%, atribuida a problemas de floración y polinización, se suma ahora el efecto del granizo. “Podríamos estar frente a una afectación total del 50% de la producción”, anticipó Caminiti, aunque aclaró que las evaluaciones continúan.

Del total de la fruta, apenas quedaba por cosechar un 25%, correspondiente a variedades tardías. Esa porción resultó la más comprometida por el golpe climático, profundizando un cuadro que el sector describe como “crítico” y que vuelve a poner en alerta a toda la cadena de valor de la cereza argentina.