17 May, 2026
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Trabajar ya no alcanza: la crisis laboral redefine la realidad de las familias

Trabajar ya no alcanza: la crisis laboral redefine la realidad de las familias

Argentina atraviesa una crisis laboral que ya no puede medirse únicamente por la tasa de desempleo. Detrás de los números oficiales, emerge un fenómeno más profundo y complejo: cada vez más personas tienen trabajo, pero no logran salir de la pobreza. En este escenario, el mercado laboral muestra signos de deterioro que impactan directamente en la calidad de vida de millones de familias.

Uno de los datos más reveladores es que el 59% de las personas pobres en edad de trabajar tiene empleo. Es decir, la pobreza ya no está necesariamente ligada a la falta de trabajo, sino a la baja calidad de los ingresos. Incluso, quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad trabajan más horas que quienes superan la canasta básica: 41,8 horas semanales frente a 40,2. Sin embargo, esa mayor dedicación no se traduce en mejores condiciones de vida.

La clave de esta desigualdad está en la informalidad. Mientras que entre los trabajadores no pobres el nivel de empleo registrado alcanza el 82%, entre los pobres apenas llega al 41%. Esta brecha explica por qué, aun con empleo, amplios sectores no acceden a salarios dignos, estabilidad ni protección social.

A este panorama se suma la pérdida del poder adquisitivo. Los salarios continúan corriendo por detrás de la inflación, lo que agrava la situación. En enero de 2026, los ingresos formales aumentaron apenas un 2%, mientras que los precios subieron un 2,8%. Esta tendencia, que se arrastra desde hace meses, profundiza el deterioro del ingreso real y reduce la capacidad de consumo de los hogares.

En este contexto, el trabajo independiente y las plataformas digitales se consolidaron como una salida rápida frente a la falta de empleo formal. Sin embargo, lejos de representar una solución estructural, funcionan como un “refugio” precario. Muchos trabajadores de aplicaciones reconocen que, aunque valoran la flexibilidad, sus ingresos son inestables y, en muchos casos, insuficientes para cubrir necesidades básicas. La mayoría, de hecho, aspira a conseguir un empleo formal.

Este modelo, que inicialmente amortiguó el impacto de la crisis, comienza a mostrar sus límites. El desempleo volvió a crecer y alcanzó el 7,5% en el último trimestre de 2025, evidenciando que ni siquiera el cuentapropismo logra absorber la demanda laboral existente.

El impacto de esta crisis no se limita a las familias. La caída del poder de compra repercute en toda la economía: disminuye el consumo, se resiente la actividad en sectores clave como la industria, la construcción y el comercio, y aumenta la presión sobre el sistema financiero debido al incremento de la morosidad.

Así, el problema laboral en Argentina deja de ser únicamente la falta de empleo para convertirse en una cuestión más estructural: la dificultad de acceder a trabajos de calidad, con ingresos suficientes y condiciones estables. En este escenario, trabajar ya no garantiza salir de la pobreza, y el desafío hacia adelante será no solo generar empleo, sino mejorar su calidad y sostenibilidad.