23 April, 2026
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Más de la mitad de los niños en Argentina vive en la pobreza

Más de la mitad de los niños en Argentina vive en la pobreza

La pobreza infantil en Argentina continúa siendo uno de los problemas más profundos y estructurales del país. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el 53,6% de los niños y adolescentes de entre 0 y 17 años se encontraba en situación de pobreza al cierre de 2025, es decir, sin poder cubrir necesidades básicas vinculadas a la alimentación, la vivienda y el entorno social.

Si bien el dato muestra una leve mejora respecto de los últimos años —cuando el indicador había superado el 60%—, el escenario sigue siendo alarmante: más de uno de cada dos chicos en el país crece en condiciones de vulnerabilidad.

El informe evidencia, además, que la pobreza infantil en Argentina no es un fenómeno reciente, sino el resultado de un proceso sostenido en el tiempo. En 2011, el índice había alcanzado su punto más bajo con un 35,7%, pero a partir de 2018 comenzó una escalada que se profundizó desde 2020, en un contexto marcado por crisis económicas recurrentes. Al inicio del gobierno de Javier Milei, el indicador llegó al 62,9%, para luego descender gradualmente hasta el nivel actual, en parte por la desaceleración de la inflación y el impacto de políticas de ingresos.

Sin embargo, detrás de la cifra global se esconden múltiples dimensiones de la pobreza que afectan el desarrollo integral de niños y adolescentes. El 42% de los chicos pobres vive en hogares con condiciones sanitarias deficientes, sin acceso adecuado a servicios básicos como cloacas o sistemas de tratamiento de residuos. A su vez, el 61,2% no cuenta con cobertura de salud a través de obra social, mutual o prepaga.

Las desigualdades también se reflejan en el acceso a oportunidades educativas y culturales. Solo la mitad de los niños dispone de una computadora en su hogar y apenas el 16% tiene acceso a internet, lo que limita seriamente sus posibilidades de aprendizaje en un mundo cada vez más digitalizado. Además, el 82% no participa en actividades culturales o recreativas fuera de la escuela, lo que impacta en su desarrollo social y emocional.

En este contexto, la dimensión emocional emerge como otro aspecto crítico. El informe señala que el 18% de los niños y adolescentes presenta síntomas de tristeza o ansiedad, una proporción que aumenta al 21,2% en la adolescencia y que afecta especialmente a las mujeres jóvenes. Estas condiciones no solo reflejan el impacto psicológico de la pobreza, sino que también inciden directamente en el desempeño escolar: quienes atraviesan malestar emocional tienen mayores dificultades para aprender.

A esto se suma un dato estructural: cada vez hay menos hogares con niños en la Argentina. Mientras que en 1991 el 56% de los hogares tenía menores de 18 años, en 2022 ese porcentaje cayó al 44%, y las proyecciones indican que el país se encamina a niveles de fecundidad por debajo del reemplazo poblacional.

Para los especialistas, la pobreza infantil no puede analizarse únicamente como una cuestión de ingresos. Se trata de un fenómeno multidimensional que compromete derechos básicos y condiciona el futuro de toda una generación. La falta de acceso a salud, educación, tecnología y espacios de desarrollo impacta de manera directa en las posibilidades de inclusión social y laboral en la adultez.

En este escenario, el desafío no es solo reducir los indicadores coyunturales, sino construir políticas sostenidas que aborden las causas estructurales de la pobreza. Porque detrás de cada porcentaje hay millones de chicos cuya infancia transcurre en condiciones que limitan su presente y, sobre todo, su futuro.