Relaciones clandestinas: el precio de la infidelidad
En la Argentina de 2026 ya casi no existen gastos invisibles. Un café, una transferencia, un viaje en app o una cena pueden aparecer segundos después en una notificación bancaria compartida. Y en ese escenario donde todo deja huella, las relaciones extramatrimoniales también empezaron a transformarse. Lo que antes podía responder al impulso hoy requiere organización, logística y una administración silenciosa del dinero.
Según un relevamiento realizado por Gleeden, la plataforma de encuentros no monogámicos pensada por y para mujeres, cada vez más argentinos reorganizan parte de sus consumos personales para sostener vínculos paralelos sin alterar la economía compartida del hogar. El estudio, realizado entre usuarios argentinos durante abril de 2026, detectó que el 71% modificó sus hábitos de pago para evitar rastros digitales, priorizando efectivo, billeteras virtuales secundarias o cuentas alternativas.

La clandestinidad ya no pasa solamente por esconder mensajes: ahora también implica administrar consumos. Ese cambio modificó incluso la dinámica de los encuentros. Las cenas nocturnas empezaron a perder terreno frente a almuerzos ejecutivos, cafés de media tarde y after offices que pueden confundirse fácilmente con una reunión laboral. El deseo ya no interrumpe la rutina: se mezcla con ella.
Y el costo de esa discreción no es menor. Entre hoteles boutique, traslados, gastronomía y gastos asociados a la privacidad, un encuentro puede superar fácilmente los $250.000. Lo que aparece es una verdadera “economía del deseo”: pequeños presupuestos paralelos destinados a financiar espacios personales dentro de una vida cotidiana cada vez más expuesta, digitalizada y compartida.

Según el informe, seis de cada diez usuarios reconocen reservar una parte de sus ingresos sin informar a sus parejas oficiales.Para Gleeden, más que un fenómeno exclusivamente vinculado a la infidelidad, el dato refleja una necesidad creciente de preservar autonomía individual dentro de vínculos atravesados por la hiperconectividad y el control permanente.
“Hoy vemos usuarios extremadamente organizados. Personas que piensan horarios, recorridos y métodos de pago con la misma precisión con la que administran cualquier otro aspecto de su vida cotidiana”, explica Silvia Rubies. “La discreción financiera se volvió parte central de las relaciones modernas”.

La plataforma también detectó un crecimiento interanual del 18% en gastos vinculados a estética, bienestar y cuidado personal entre mujeres usuarias. Según Gleeden, muchas priorizan estas inversiones como parte de una búsqueda de autoestima, autonomía y reconexión personal más amplia que el encuentro en sí mismo.
En medio de la inflación, el ajuste y la reorganización permanente del consumo, el deseo no desapareció. Simplemente aprendió a administrar mejor sus riesgos, sus tiempos y su presupuesto.