25 May, 2026
Destacadas Producción

Cultivos de servicio: una solución para los días fríos y la salud del suelo

Cultivos de servicio: una solución para los días fríos y la salud del suelo

En los sistemas productivos del Chaco semiárido, uno de los principales desafíos es la escasez de forraje durante el invierno. La disminución del crecimiento de las pasturas naturales en esta época genera el denominado “bache forrajero”, una limitante que impacta directamente en la producción ganadera. Frente a este escenario, experiencias desarrolladas por el INTA Santiago del Estero muestran que los cultivos de servicio con aprovechamiento forrajero se posicionan como una alternativa eficaz y sustentable.

Ensayos realizados en el Campo Experimental del organismo evidencian que la implantación de mezclas de gramíneas y leguminosas hacia el final del verano permite no solo producir alimento de calidad para los animales durante el invierno, sino también mejorar las condiciones del suelo. Esta doble función convierte a estos cultivos en una herramienta estratégica para los sistemas productivos del semiárido.

Entre las combinaciones evaluadas, se destaca un mix compuesto por triticale, cebada forrajera y vicia, especies que han demostrado una buena adaptación a las condiciones locales, especialmente bajo riego. Las gramíneas aportan volumen de biomasa y cobertura, mientras que la leguminosa mejora la calidad nutricional del forraje y contribuye a la fijación biológica de nitrógeno, enriqueciendo el suelo.

Los resultados obtenidos son significativos. En experiencias recientes, estas mezclas alcanzaron producciones cercanas a los 13.100 kilos de materia seca por hectárea. Además, los análisis del forraje mostraron niveles de proteína bruta que oscilan entre el 12% y el 15,3%, lo que lo convierte en un recurso valioso para la alimentación de rumiantes como cabras, ovejas y bovinos.

Otro aspecto relevante es la posibilidad de conservar este recurso. Los cultivos pueden diferirse o transformarse en reservas mediante henificación, lo que permite contar con alimento disponible en momentos críticos. En este sentido, los ensayos lograron obtener entre 5.200 y 6.300 kilos de materia seca por hectárea en fardos, consolidando su potencial como reserva estratégica.

Más allá del aporte forrajero, estos cultivos cumplen un rol clave en la sustentabilidad del sistema. Contribuyen a proteger el suelo de la erosión, mejorar su estructura, aumentar la materia orgánica, favorecer la infiltración y conservación del agua, y estimular la actividad biológica. De esta manera, integran producción y conservación en un mismo esquema.

El período ideal para planificar su implantación es el final del verano y el inicio del otoño, momento en el que deben considerarse variables como la disponibilidad hídrica, la preparación del lote y el destino del cultivo.

En un contexto de creciente variabilidad climática, estas prácticas permiten no solo enfrentar las limitantes productivas estacionales, sino también avanzar hacia sistemas más resilientes y sostenibles. Las experiencias del INTA en Santiago del Estero demuestran que los cultivos de servicio con uso forrajero no solo cubren una necesidad inmediata, sino que también aportan soluciones a largo plazo para el manejo integral de los recursos productivos.