Desgaste económico: crece la demanda de cambios y la economía se vuelve eje del voto hacia 2027
El rumbo económico comienza a evidenciar un desgaste sostenido. Un 63% de la población considera que el plan actual debería modificarse, mientras que una clara mayoría anticipa que la situación económica será determinante al momento de votar en 2027. En paralelo, más del 85% sostiene que su salario pierde frente a la inflación, reflejando un deterioro extendido en la economía cotidiana.
El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora indica que el malestar ya no se limita a una evaluación general del país, sino que impacta directamente en la vida diaria. El 59,5% califica como mala o muy mala la situación económica nacional, y un 42,4% tiene la misma percepción sobre su propia realidad. Esta diferencia muestra cómo el deterioro macroeconómico se traduce en dificultades concretas: ingresos insuficientes, consumo restringido y problemas para sostener el mes.
A esto se suma una marcada desconfianza en los datos oficiales. El 70,6% considera que la inflación informada no refleja lo que percibe en su vida cotidiana, mientras que el 85,1% afirma que sus ingresos no logran acompañar la suba de precios. Más allá del índice, lo que predomina es la sensación de pérdida de poder adquisitivo. Esta percepción se profundiza en los sectores más vulnerables: más de la mitad de los encuestados se identifica como clase baja o media baja.
Las dificultades para llegar a fin de mes son otro indicador clave. El 64,4% asegura que sus ingresos se agotan, como máximo, hacia el día 20. Esto obliga a recortar gastos, postergar consumos y reorganizar la economía familiar antes de finalizar el mes. Incluso dentro del electorado oficialista, una mayoría reconoce que el salario no alcanza, lo que evidencia que el malestar atraviesa distintos sectores políticos, aunque con interpretaciones diferentes.
Rumbo al 2027
El debate económico comienza a proyectarse directamente sobre el escenario electoral. Si bien el plan actual mantiene un nivel de respaldo, predomina la demanda de cambios. No se trata necesariamente de un rechazo total al Gobierno, sino de una señal de desgaste frente a la persistencia de problemas en los ingresos y el consumo.
De cara a 2027, la economía aparece como el principal criterio de decisión para una amplia mayoría del electorado. Factores como la situación del país, la economía personal y la necesidad de modificar el rumbo concentran más de seis de cada diez respuestas. Esto sugiere que la próxima elección presidencial podría funcionar como una evaluación directa de los resultados económicos.
En paralelo, también emerge una discusión sobre el sistema electoral. Una parte significativa de la población se muestra favorable a eliminar las PASO o, al menos, a modificar su obligatoriedad. Las posturas varían según la identificación política: mientras el oficialismo tiende a apoyar su eliminación, en la oposición crece la defensa de las primarias como herramienta de organización y participación.
Inflación, ingresos y confianza
La brecha entre la inflación percibida y la oficial se mantiene alta y estable. La mayoría no valida el dato como reflejo de su experiencia diaria, lo que debilita su capacidad de ordenar expectativas. Esta desconfianza se explica, en gran medida, por la persistente pérdida de poder adquisitivo.
Para la población, la inflación no se mide en porcentajes, sino en la duración del salario, los recortes necesarios y la dificultad para sostener gastos básicos. Mientras esa percepción no cambie, los indicadores oficiales tendrán un impacto limitado en la reconstrucción de confianza.
Principales preocupaciones
La agenda social combina incertidumbre económica, deterioro material y desconfianza institucional. La incertidumbre lidera las preocupaciones, seguida por la corrupción y los ingresos. También aparecen el desempleo y las deudas, configurando un panorama donde los problemas económicos se perciben de manera integral.
Las diferencias políticas no eliminan el malestar, pero sí modifican su enfoque. Entre oficialistas, las preocupaciones combinan economía y credibilidad institucional. En la oposición, en cambio, el foco está más puesto en el impacto directo sobre la vida cotidiana, como las deudas o la pérdida de ingresos.
Escenario político
La imagen del presidente Javier Milei se mantiene en terreno negativo, en línea con el deterioro económico percibido. Su figura aparece cada vez más asociada a los resultados concretos de la economía diaria, lo que limita su margen de recuperación sin mejoras visibles en ingresos y consumo.
Axel Kicillof muestra una recuperación en su imagen y se consolida como uno de los principales referentes opositores, aunque todavía con niveles altos de rechazo. Patricia Bullrich, por su parte, logra sostener un perfil relativamente más estable, menos afectado por la coyuntura económica inmediata.
Entre las novedades, Myriam Bregman aparece como la única figura con diferencial positivo, canalizando una parte del malestar desde una oposición más frontal. En contraste, Manuel Adorni registra el nivel más alto de rechazo, en un contexto atravesado por cuestionamientos a su figura. Diego Santilli se ubica en una posición intermedia, con potencial de articulación política pero también expuesto al desgaste general.