19 January, 2026
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Innovación en Santiago del Estero: Agroinsumos Ardisone sorprende al mercado con su sandía amarilla

Innovación en Santiago del Estero: Agroinsumos Ardisone sorprende al mercado con su sandía amarilla

En la finca de los Ardisone, a pocos kilómetros de Fernández, hay un pequeño fenómeno que nació casi por curiosidad y hoy deslumbra a todo el mundo frutihortícola santiagueño: las sandías “baby” amarillas. Pequeñas, brillantes, dulcísimas y con un interior dorado que sorprende a quien las corta por primera vez, estas frutas se han convertido en un imán para consumidores y verduleros del mercado capitalino.

La postal es simple: Gabriel Ardisone, 27 años, sombrero bien puesto, sonrisa tímida, se mueve entre los cajones del puesto familiar en el mercado de la capital santiagueña como quien ya se acostumbró a que todos le pidan lo mismo: “Guardame todas para mí”, repiten verduleros que hace apenas un año ni sabían que existía una sandía amarilla.

Un hallazgo dulce y crujiente

Esta es apenas la segunda campaña que la familia apuesta por esta variedad exótica, aunque a simple vista no se diferencia de las sandías “baby” rojas que ya circulan por todos los mercados. El golpe de efecto aparece al cortarlas: una pulpa amarilla intensa, más jugosa, más dulce y más crujiente que la convencional.

“Yo pensaba que la gente sólo la compraba por novedad, pero no es así”, cuenta Gabriel, a un paso de recibirse de agrónomo y con la responsabilidad de llevar adelante la producción de Agroinsumos Ardisone SRL, la empresa que su padre Francisco fundó hace 20 años.

Los Ardisone siempre estuvieron del lado del insumo, abasteciendo a productores frutihortícolas de la provincia. Pero la necesidad de diversificar y sobrevivir a años complejos los llevó, en 2018, a dar un salto hacia su propia producción: melones, sandías, zapallitos, zanahorias, cebollas… y ahora, una joya amarilla que les está cambiando el paisaje del verano.

De rareza a objeto de deseo

La primera vez que Gabriel llevó sandías amarillas al puesto, la escena era distinta: “Llevaba 100 y vendía 50. Era difícil colocarlas”, recuerda. Hoy, con más de media hectárea cultivada —unos 5.000 plantines—, ni siquiera terminaron de cosechar y ya saben que se venderán todas.

La clave está en el cara a cara con consumidores y pequeños comerciantes. En Santiago del Estero, por unidad, la sandía amarilla se paga entre $4000 y $5000, un valor imposible de igualar cuando envían cajas a Buenos Aires, donde se recibe menos de la mitad por la misma mercadería.

Gabriel lo tiene claro: “A menos que la venda por unidad y en determinados circuitos, producir sandía no es tan rentable como el melón”. Pero la variedad amarilla juega con ventaja: además del golpe visual, tiene todo lo que pide el consumidor moderno: sabor potente, frescura, crocancia y una estética distinta.

Una apuesta joven para un mercado que cambia

La variedad llegó desde Taiwán, traída años atrás por productores jujeños. Desde entonces, su presencia en el país es mínima, casi marginal, en contraste con las sandías rojas “baby”, que incluso suelen importarse desde Brasil.

Quizás por eso los Ardisone encontraron una ventana perfecta: un producto raro pero delicioso, que se distingue en la góndola y que, sobre todo, encuentra su verdadero valor en la venta directa.

A nivel agronómico, la sandía amarilla se parece muchísimo al melón: misma planta, misma sensibilidad, mismo manejo. Solo difiere en algunos detalles de fertilización y riego. Pero en precios, la historia cambia: la rentabilidad puede ser casi el doble, empujada por la demanda.

Un futuro pintado de amarillo

Con cada hectárea de sandías “baby” —amarillas o rojas— se obtienen unas 2500 cajas de seis unidades, es decir, unas 15.000 sandías por temporada. Y aunque el melón sigue siendo el rey de la finca, con 30.000 cajas anuales, la sandía amarilla viene avanzando con paso firme.

Gabriel lo resume con simpleza y convicción: “Producimos con goteo, sacamos el doble de rendimiento, tenemos contacto directo con los mercados y vendemos mucho más directo. Es hacia donde va todo el mercado frutihortícola.”

La próxima campaña, planea ampliar la superficie a una hectárea completa. Y si la fiebre amarilla sigue creciendo como hasta ahora, no sería raro que Santiago del Estero se convierta en la capital argentina de esta fruta dorada que, aunque pequeña, hace un ruido enorme.