4 June, 2026
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Pasturas megatérmicas: una estrategia clave para mejorar la productividad ganadera

Pasturas megatérmicas: una estrategia clave para mejorar la productividad ganadera

La diversificación de especies de pasturas megatérmicas adaptadas a las condiciones específicas de cada suelo se consolida como una herramienta estratégica para mejorar la productividad y la sostenibilidad de los sistemas ganaderos en el este santiagueño. En la región de Quimilí, una experiencia impulsada por investigadores y extensionistas del INTA permitió a productores ganaderos evaluar en campo el comportamiento de distintas especies forrajeras y su impacto directo en la ganancia de peso animal y la rentabilidad de los rodeos.

Durante años, el Gatton panic fue la pastura megatérmica más utilizada en la zona por su elevada productividad. Sin embargo, su desempeño se ve limitado en ambientes con suelos salinos y precipitaciones escasas, condiciones frecuentes en amplios sectores de Santiago del Estero. Frente a esta problemática, especialistas del INTA propusieron avanzar en la evaluación de otras especies más adaptadas, como la grama rhodes y el buffel grass.

A través de sitios piloto y evaluaciones realizadas directamente por los productores, se comprobó que estas pasturas megatérmicas alternativas presentan ventajas significativas en ambientes adversos. Los resultados mostraron una mayor producción de forraje, mejor cobertura del suelo, incremento de la carga animal y, en consecuencia, una mejora en la eficiencia y rentabilidad de los sistemas productivos.

“El objetivo era que los productores conozcan en primera persona la respuesta de diferentes especies megatérmicas”, explicó Úrsula Wolf, investigadora del INTA Quimilí. En ese sentido, destacó que el conocimiento previo del suelo, la observación en terreno y el uso de herramientas digitales de consulta fueron claves para identificar una de las principales limitantes de la región: los elevados contenidos de sales en los horizontes superficiales del suelo.

Según detalló la especialista, actualmente existe un amplio abanico de materiales forrajeros megatérmicos con adaptaciones específicas a distintos regímenes de precipitaciones y condiciones edáficas. En este contexto, la grama rhodes se destacó como la especie con mejor desempeño general, al mostrar mayor adaptabilidad, mayor cobertura y una producción de forraje superior en comparación con el Gatton panic y el buffel grass.

“El Gatton panic es muy productivo, pero exige suelos de buena fertilidad, no tolera encharcamientos ni salinidad y requiere entre 700 y 900 milímetros de precipitaciones durante la estación de crecimiento”, explicó Wolf. En cambio, la grama rhodes —especialmente el cultivar Santana— se adapta a suelos bajos o con presencia de sales en el perfil, produce estolones y puede ser productiva con precipitaciones a partir de los 500 milímetros anuales.

Por su parte, los materiales de buffel grass, si bien no toleran altos niveles de salinidad, presentan una notable adaptación a suelos de fertilidad media y a regiones con bajas precipitaciones, incluso desde los 350 milímetros, lo que los convierte en una opción válida para ambientes más restrictivos.

“La experiencia demuestra que la diversificación de especies es fundamental para mejorar la productividad y la sostenibilidad de los sistemas ganaderos en el Chaco”, afirmó la investigadora. Los productores que participaron del ensayo ya comenzaron a ampliar la superficie implantada con grama rhodes, incrementando la oferta forrajera y mejorando los indicadores productivos de sus rodeos.

El proceso de adopción incluyó capacitaciones brindadas por profesionales del INTA Quimilí, donde se abordaron las características distintivas de cada especie, así como aspectos vinculados a la implantación y el manejo. Las pasturas megatérmicas pueden establecerse mediante distintos métodos, desde siembras manuales al voleo hasta siembras mecanizadas de mayor precisión.

Acompañados por los técnicos de la Agencia de Extensión Rural INTA Bandera, los productores realizaron la preparación del suelo, la siembra y el monitoreo de la implantación, adaptando las recomendaciones técnicas a los recursos disponibles en cada establecimiento. De este modo, la experiencia no solo fortaleció la producción forrajera, sino que también consolidó un enfoque de manejo más resiliente y acorde a las condiciones ambientales de la región.