Trigo récord, pero con problemas de calidad y abastecimiento: alerta en la industria molinera
La campaña triguera 2025/26 se perfilaba como una de las más prometedoras para la cadena cerealera argentina. Con una producción estimada en 27,9 millones de toneladas —un salto del 50% respecto al ciclo anterior—, el escenario anticipaba mayor actividad, dinamismo industrial y crecimiento sostenido.
Sin embargo, en el corazón de la industria molinera comenzó a emerger una preocupación inesperada: a pesar del volumen récord, falta trigo con la calidad necesaria y en condiciones disponibles para sostener el ritmo de procesamiento.
Desde la Federación Argentina de la Industria Molinera, su presidente Diego Cifarelli describió con claridad la paradoja. “Cuando comenzó el ciclo comercial del trigo 2025/26 se advertía un problema de calidad, pero jamás se proyectó que, con una cosecha histórica, podríamos tener problemas de abastecimiento”, afirmó.
Los datos reflejan esa contradicción. Durante el primer cuatrimestre comercial, la molienda alcanzó 1.963.746 toneladas, apenas un 1% más que en el mismo período del año anterior. Para una campaña récord, el crecimiento resulta marginal y muy por debajo de lo esperado.
El principal obstáculo radica en la calidad panadera del trigo. La industria requiere partidas específicas para garantizar estándares en la producción de harina, pero ese tipo de mercadería no abunda en la proporción necesaria. Incluso ofreciendo precios superiores a otros sectores, los molinos encuentran dificultades para acceder a los volúmenes requeridos.
“Como sucede habitualmente, la molinería es el sector que ofrece los mejores precios porque reconoce la calidad panadera, que no abunda en esta campaña”, explicó Cifarelli. No obstante, advirtió: “Aún ofertando valores muy superiores al promedio del mercado, la mercadería no aparece en los volúmenes que el sector necesita”.
En paralelo, el sector exportador avanzó con mayor agresividad comercial. Al 15 de abril, ya había adquirido 14,47 millones de toneladas, muy por encima del año pasado, mientras que la molinería mantuvo niveles de compra prácticamente estables.
Entre los factores que explican este comportamiento, se menciona la mayor liquidez de los productores por la fuerte entrada de divisas del maíz temprano, lo que les permite postergar ventas de trigo. A esto se suma el deterioro en la relación insumo-producto, especialmente por el encarecimiento de fertilizantes.
Desde FAIM advierten que el impacto puede trascender al sector molinero. Si la tendencia continúa, podría frustrarse la meta de elevar el procesamiento interno a 7,20 millones de toneladas, afectando la generación de empleo y el valor agregado en origen.
“Si se mantiene esta situación, no se cumplirá la expectativa de crecimiento, lo que implica menos trabajo argentino y menor valor agregado”, alertó Cifarelli.
De este modo, la Argentina enfrenta una nueva paradoja productiva: una cosecha histórica no garantiza equilibrio en toda la cadena. La abundancia en los números convive con una tensión silenciosa en la industria, donde el desafío ya no es solo producir más, sino asegurar calidad, disponibilidad y previsibilidad para transformar el trigo en alimentos esenciales.