Algarrobo blanco, una alternativa forrajera para fortalecer la ganadería
El algarrobo blanco, una de las especies emblemáticas del parque chaqueño, podría cumplir un papel cada vez más importante en la alimentación del ganado. Además de su reconocida utilidad maderera, sus frutos presentan características nutricionales que los convierten en un recurso de interés para los sistemas silvopastoriles de la región.
Así lo determinó una investigación realizada por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Sáenz Peña, Chaco, y Montecarlo, Misiones, que evaluaron la producción, la morfología y la calidad nutricional de árboles jóvenes de algarrobo blanco.
El estudio se llevó adelante en una plantación de ocho años de antigüedad, instalada en el Chaco a partir de ejemplares de origen Campo Durán, Salta. Los resultados obtenidos durante el verano 2023-2024 fueron promisorios y permitieron confirmar el potencial forrajero de esta procedencia.
Según explicó Marcos Atanasio, especialista del INTA Sáenz Peña y uno de los responsables de la investigación, “el algarrobo blanco de origen Campo Durán demuestra un potencial forrajero comparable al de otras especies del género”.
En la misma línea, Lorena Pernochi, investigadora del organismo, destacó que, mediante un buen manejo silvícola y la selección de individuos de alta productividad, la especie puede transformarse en “un suplemento nativo estratégico para la ganadería chaqueña”, al aportar proteínas y energía en momentos críticos.
Uno de los principales aportes del trabajo fue la caracterización de los frutos y su potencial como complemento de la dieta animal. Los investigadores registraron una marcada variabilidad en la producción de los árboles: mientras algunos rindieron alrededor de 1,5 kilogramos de frutos, otros alcanzaron los 21 kilogramos por ejemplar.
También observaron que las chauchas presentaron una longitud superior a la registrada en otras procedencias, con ejemplares que llegaron hasta los 29 centímetros.
En cuanto a su composición nutricional, el contenido de proteína bruta osciló entre el 8 y el 12 %, mientras que la energía metabolizable se ubicó cerca de las 2,3 megacalorías por kilogramo de materia seca. Además, los niveles de fibra detergente neutra (FDN) y fibra detergente ácida (FDA) fueron relativamente bajos, una característica favorable para la digestibilidad del forraje.
Estos valores abren posibilidades para aprovechar un recurso disponible en la región y complementar la alimentación del ganado, particularmente cuando la oferta de pasturas disminuye.
Los especialistas estimaron que las chauchas podrían aportar entre 6 y 82 kilogramos de proteína por hectárea. Si bien estos valores son inferiores a los que podrían obtenerse en plantaciones adultas, representan resultados alentadores para sistemas forestales jóvenes.
Pernochi remarcó que el algarrobo es una especie muy apreciada en la zona, tanto por la calidad de su madera como por sus frutos, utilizados tradicionalmente como fuente de alimento. En ese contexto, la investigación buscó determinar las diferencias entre individuos y establecer su relación con el aporte forrajero de las plantaciones jóvenes.
La diversidad observada permite identificar árboles que se destacan por producir más frutos o por ofrecer una mejor calidad nutricional. Esta información resulta relevante para seleccionar ejemplares en plantaciones multipropósito, capaces de combinar la producción de madera con la obtención de frutos para la alimentación animal.
A futuro, esos individuos podrían utilizarse en programas de forestación orientados específicamente a la producción de frutos. De acuerdo con la investigadora, el mayor tamaño registrado en esta procedencia también podría indicar posibilidades de aprovechamiento industrial, aunque será necesario profundizar los estudios para determinar su alcance.
El potencial del algarrobo blanco también tiene implicancias económicas para los productores ganaderos. Atanasio señaló que la calidad forrajera de sus frutos podría permitir sustituir, de manera parcial o total según las condiciones de uso y las necesidades nutricionales de los animales, otros insumos de la dieta, como el maíz o la soja. Además, el conocimiento de las características morfológicas y nutricionales de las chauchas podría contribuir a formular raciones más precisas, ajustadas a los requerimientos del ganado.
El aprovechamiento de esta especie nativa permitiría, así, avanzar en alternativas que integren la producción forestal y ganadera, diversifiquen los recursos disponibles y favorezcan un uso más eficiente de las potencialidades del monte chaqueño.
El equipo del INTA prevé avanzar en la selección de árboles destacados por su producción y calidad de frutos, así como profundizar el análisis de azúcares y otros componentes nutricionales. También se proyecta evaluar individuos en distintas condiciones de suelo y clima mediante parcelas demostrativas, con el propósito de conocer cómo varía su comportamiento según el ambiente y los ciclos anuales.
Otro de los objetivos será estudiar con mayor profundidad la contribución de las plantaciones de algarrobo blanco a los sistemas silvopastoriles y determinar las prácticas de manejo que permitan aprovechar sus frutos de manera más eficiente.
Los resultados iniciales posicionan al algarrobo blanco como un recurso nativo con posibilidades de contribuir a la alimentación animal. Su aprovechamiento, sin embargo, dependerá de la continuidad de las investigaciones, la selección de los ejemplares más productivos y el desarrollo de estrategias de manejo adecuadas para cada sistema.