Cómo preparar las silobolsas para reducir riesgos ante el fenómeno El Niño
El fenómeno climático El Niño plantea nuevos desafíos para el almacenamiento de granos y obliga a reforzar la planificación de los patios de acopio para evitar anegamientos, roturas de bolsas y demoras en la extracción. Especialistas del INTA destacaron la importancia de ajustar el manejo técnico para reducir las pérdidas asociadas a la humedad y al exceso de agua.
En este marco, el organismo elaboró un documento con los principales aspectos que deben tenerse en cuenta para mejorar las condiciones de almacenamiento durante períodos de lluvias intensas.
“La planificación debe comenzar antes de embolsar. Cada bolsa tiene que quedar en condiciones de ser inspeccionada, reparada o retirada incluso después de varios días de lluvia”, señaló Leandro Cardoso, especialista en poscosecha del INTA Balcarce, Buenos Aires. Según explicó, durante estos períodos el suelo pierde firmeza y disminuyen las posibilidades de realizar trabajos con normalidad.
Uno de los primeros pasos consiste en reconocer cómo circula el agua por el lote y verificar que las pendientes, cunetas y salidas permitan una adecuada evacuación. También se recomienda corregir depresiones, recuperar la firmeza de las zonas destinadas al tránsito y retirar piedras, rastrojos u otros elementos que puedan perforar el plástico, evitando remover innecesariamente la capa superficial del suelo.
La superficie disponible para el almacenamiento debe definirse en función de la posibilidad real de circular con el terreno húmedo. Una elevada ocupación del playón puede incrementar la capacidad de almacenamiento, pero al mismo tiempo puede bloquear el drenaje, limitar las recorridas y dificultar el acceso a una bolsa que presente algún inconveniente.
En este sentido, Cardoso recomendó dejar al menos un metro libre entre bolsas contiguas y también entre sus extremos. Esta separación facilita las tareas de inspección, favorece el secado del suelo después de las lluvias y disminuye el riesgo de que la maquinaria dañe una bolsa cercana durante la extracción. Asimismo, los cierres deben mantenerse separados, visibles y accesibles para permitir su revisión y eventual reparación.
Cuando se forman bloques de varias bolsas, su tamaño debe establecerse considerando el tiempo necesario para llegar hasta la última unidad y retirar la mercadería. En condiciones climáticas adversas, el ritmo de extracción puede disminuir considerablemente, por lo que concentrar demasiadas bolsas en un mismo sector puede dificultar una respuesta rápida ante eventuales problemas.

Cierres y hermeticidad
El cierre inicial y el cierre final de las bolsas demandan tiempo, personal y materiales adecuados. Si bien el nudo constituye una alternativa rápida, no debe considerarse una barrera segura frente a un anegamiento prolongado.
Ante estas situaciones, Cardoso explicó que el termosellado o las cintas específicas pueden mejorar la hermeticidad, siempre que sean aplicados correctamente y se controle posteriormente el resultado.
En los establecimientos donde el espacio disponible es reducido, las bolsas de mayor diámetro permiten almacenar una mayor cantidad de toneladas por metro lineal, mientras que las bolsas más largas disminuyen la cantidad de montajes y cierres necesarios. Sin embargo, estas alternativas deben evaluarse junto con la capacidad portante del terreno, el drenaje, los accesos y la compatibilidad con la maquinaria disponible.
Identificación y monitoreo
Otro aspecto central es mantener un adecuado registro de cada bolsa. Según las recomendaciones del especialista, debe estar identificada tanto en un plano como en el registro de operación, incluyendo información sobre el cultivo, la fecha de embolsado, la procedencia, la humedad de ingreso, el tipo de cierre y las reparaciones realizadas.
La inspección del plástico y de los extremos puede complementarse con muestreos del grano y, cuando corresponda, con mediciones de dióxido de carbono como indicador indirecto de actividad biológica. La vigilancia debe ser aún mayor cuando se almacenan trigo, cebada o colza con humedad elevada. Cardoso señaló que, cuando la planta no cuenta con suficiente capacidad de secado, es necesario prever los tiempos de espera y establecer prioridades para las partidas que presentan mayor riesgo.
La recomendación del INTA apunta, en definitiva, a que la estrategia de almacenamiento no se limite a incrementar la capacidad disponible, sino que contemple también la posibilidad de inspeccionar, acceder, reparar y extraer el grano durante todo el período de acopio.
Ante escenarios de lluvias y suelos con menor capacidad de tránsito, una adecuada planificación del patio de almacenamiento puede convertirse en una herramienta clave para reducir riesgos, preservar la calidad de los granos y evitar pérdidas durante la poscosecha.