24 April, 2026
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La campaña 2025/26 permitirá medir con precisión el potencial de la genética nacional de trigo

La campaña 2025/26 permitirá medir con precisión el potencial de la genética nacional de trigo

La nueva campaña triguera se perfila como una de las mejores oportunidades de los últimos años para evaluar el desempeño de la genética desarrollada en el país. Las condiciones climáticas favorables, la buena recarga hídrica y el aumento del área sembrada conforman un escenario ideal para analizar cómo responde cada material en términos de rendimiento, sanidad y calidad.

Guillermo Donaire, jefe del grupo de mejoramiento de trigo del INTA Marcos Juárez y responsable técnico del convenio de vinculación tecnológica con Luis Dreyfus Company (LDC), destacó que este año el cultivo logró un récord de siembra a nivel nacional. “La recarga hídrica otoñal y la ausencia de factores abióticos adversos durante el ciclo del cultivo fueron determinantes. Las temperaturas en el llenado de granos vienen siendo favorables”, explicó.

Este escenario también permite poner en perspectiva una trayectoria que ya supera las seis décadas. Dionisio Gómez, responsable de la red nacional de ensayos de trigo del INASE, recordó que el programa de mejoramiento del INTA comenzó en 1959 y se consolidó como referente en la adaptación genética a distintos ambientes del país. Según dijo, el potencial del cultivo surge de la interacción entre genética y ambiente, y cuando las condiciones acompañan “puede verse con claridad todo lo que la genética es capaz de expresar”.

El INTA dispone hoy de un amplio portfolio de materiales que incluye variedades de diferentes ciclos, líneas con calidad panadera superior y un material Clearfield resistente a herbicidas imidazolinonas. Esta diversidad apunta a ofrecer alternativas estables que respondan a los desafíos de cada región y a las exigencias del mercado.

Una parte central del trabajo de mejoramiento está en cómo se maneja el cultivo para que exprese su potencial. Gómez explicó que si bien el clima no puede modificarse, sí es posible intervenir en nutrición, riego y control sanitario. El organismo lleva décadas estudiando curvas de respuesta a nutrientes como nitrógeno, fósforo y azufre, y afinando estrategias de riego que permiten llevar al límite la productividad del cultivo. Estas experiencias demuestran que es posible alcanzar entre 7.000 y 8.000 kilos por hectárea, muy por encima del promedio provincial, que no llega a 3.000. En condiciones adecuadas, la genética disponible podría triplicar los rindes medios.

La brecha entre los rendimientos potenciales y los obtenidos en campo sigue siendo un desafío. Con el manejo adecuado, señaló Gómez, cualquier variedad actual puede llegar con facilidad a los 5.000 kilos por hectárea, pero las limitantes climáticas y de manejo aún condicionan los resultados. De todos modos, un número creciente de productores avanzados está logrando acercarse a ese techo gracias a la siembra directa, la planificación de rotaciones y el uso de cultivos de cobertura.

La articulación entre el sector público y privado se mantiene como un pilar. El INTA trabaja de manera constante con Aapresid, la red CREA y productores de todo el país, aportando información técnica que permite mejorar la toma de decisiones. Ese trabajo se refleja también en la red nacional de ensayos coordinada por INASE, que abarca entre 25 y 30 localidades con múltiples fechas de siembra y evalúa hasta 70 variedades comerciales por año. Allí, el INTA participa en cerca del 60 % de las pruebas, incluyendo ambientes extrapampeanos donde suele escasear la información técnica. En provincias como Córdoba, Salta, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, la institución es prácticamente la única fuente oficial de datos sobre comportamiento varietal.

El programa nacional de mejoramiento de trigo del INTA funciona como una red articulada entre seis estaciones experimentales donde se llevan adelante las tareas de cruzamiento, evaluación y selección. El trabajo involucra a mejoradores, patólogos, ecofisiólogos, biotecnólogos y especialistas en calidad, además de laboratorios de biotecnología, bancos de germoplasma y equipos de investigación dedicados a enfermedades.

Las condiciones de esta campaña son especialmente valiosas para medir el desempeño agronómico y sanitario de las líneas avanzadas. Donaire anticipó que este año podrán obtener datos particularmente consistentes de los materiales próximos a inscripción y compararlos con el comportamiento de las variedades comerciales ya disponibles. En total, el programa evalúa entre 60.000 y 80.000 parcelas al año y suele avanzar con la inscripción de dos nuevas variedades por ciclo.

Los objetivos principales pasan por impulsar la ganancia genética y reforzar la sanidad frente a enfermedades que se intensifican en campañas húmedas, como las royas y la fusariosis. A esto se suma la necesidad de garantizar la calidad industrial: proteína, gluten, peso hectolítrico y peso de mil granos son atributos que condicionan el valor comercial del trigo.

A través de un convenio de vinculación tecnológica con LDC, el INTA transfiere información de comportamiento y recomendaciones de manejo, mientras la empresa multiplica y comercializa las variedades bajo la marca MS INTA. Este esquema convierte al organismo en el único programa público de mejoramiento genético que compite de manera directa con empresas privadas, incluso multinacionales.

El último lanzamiento del programa es MS INTA 324, una variedad de ciclo largo a intermedio, con alto potencial de rendimiento, excelente sanidad y destacada calidad comercial. Viene a reemplazar a MS INTA 119, considerado hasta ahora el mejor ciclo largo del portfolio. Según Donaire, se trata de un material recomendado para ambientes de alto potencial, con una combinación equilibrada de estabilidad, sanidad y calidad panadera.