Medir para conservar: el desafío de gestionar bosques sustentables
Responder cuánto crecen nuestros bosques no es una tarea sencilla ni inmediata. Es el resultado de un trabajo que no se limita al territorio, sino que se consolida en el gabinete, donde los datos recolectados en campo se transforman en información clave. En el marco del Día del Medio Ambiente, cobra especial relevancia visibilizar esta labor científica que construye un puente entre las mediciones directas en parcelas del bosque nativo y el análisis estadístico minucioso, generando conocimiento estratégico para su manejo sostenible.
La investigación, desarrollada de manera conjunta por la Facultad de Ciencias Forestales de la UNSE, el INTA y el CONICET, se enfoca en cuatro especies emblemáticas del bosque nativo del Chaco seco: quebracho colorado, quebracho blanco, mistol y algarrobo negro. Estas especies no solo definen la identidad del paisaje, sino que también permiten comprender la dinámica integral del ecosistema. El objetivo es modelar su crecimiento y proyectar su comportamiento futuro, aportando herramientas para la toma de decisiones en materia forestal.
Pero, ¿cómo se determina cuánto crece un árbol? Para responder a esta pregunta se utilizan dos enfoques complementarios: la medición directa y el análisis de anillos de crecimiento.
La medición directa se realiza sobre árboles en pie mediante cintas dendrométricas instaladas en parcelas permanentes. Este método permite registrar variaciones en el diámetro a la altura del pecho (DAP) en tiempo real, siendo especialmente útil en especies que no presentan anillos de crecimiento claramente definidos. Sin embargo, su principal limitación es temporal: requiere décadas de monitoreo continuo y la preservación de las parcelas permanentes para obtener tendencias significativas.
Por otro lado, la dendrocronología —el estudio de los anillos de crecimiento— ofrece una mirada retrospectiva. A través de muestras de madera, obtenidas mediante barrenos que no dañan al árbol o a partir de cortes transversales, es posible reconstruir la historia de crecimiento a lo largo de décadas o incluso siglos. Este método permite analizar cómo factores como el clima o las perturbaciones influyeron en el desarrollo del bosque a lo largo del tiempo.
Ambos enfoques cumplen roles fundamentales. Mientras las mediciones directas son esenciales para el diseño de planes de manejo actuales, el análisis de anillos aporta una perspectiva histórica indispensable para comprender procesos de largo plazo. La combinación de estas metodologías permite avanzar hacia un aprovechamiento forestal racional y sostenible.
Solo a partir de estas proyecciones y simulaciones basadas en datos reales es posible diseñar estrategias de manejo más precisas, que garanticen que el uso presente de los recursos forestales no comprometa la supervivencia de nuestros bosques nativos en el futuro.