Mejoramiento genético de alfalfa: innovaciones para sistemas productivos
El mejoramiento genético de la alfalfa ocupa un lugar estratégico en el desarrollo de sistemas agropecuarios más sustentables y adaptados a la variabilidad climática. Así lo destacó Ariel Odorizzi, director del INTA Manfredi, durante la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar Agrícola 2026, organizada por instituciones agrícolas y científicas de la provincia china de Shandong.
Durante su exposición, el investigador destacó que los beneficios de la alfalfa exceden su función como forraje: aporta proteína de alta calidad, fija nitrógeno biológicamente, protege el suelo mediante su cobertura permanente y desarrolla raíces profundas que permiten aprovechar mejor el agua y los nutrientes.
En ese contexto, el INTA avanza en el desarrollo de variedades con mayor rendimiento, persistencia y tolerancia a distintos tipos de estrés. El programa evalúa alrededor de 40 poblaciones experimentales y cuenta con una trayectoria iniciada en 1970, durante la cual desarrolló cerca de 20 variedades para diferentes sistemas productivos del país.
Una de las líneas de trabajo se realiza junto al INTA Santiago del Estero, donde se evalúa el comportamiento de materiales frente a la sequía y la salinidad. También existen investigaciones con el INTA Rafaela para estudiar condiciones de anegamiento y con equipos de Castelar que trabajan en edición génica para incorporar características de interés agronómico.
Entre las innovaciones presentadas se encuentra la *enviromics*, un enfoque que integra información ambiental con datos genéticos y características observables de las plantas. Para ello se utilizan registros de largo plazo, imágenes satelitales, drones y sistemas de fenotipado de alta precisión.
Estas herramientas permiten comprender mejor la interacción entre los materiales genéticos y las condiciones de cada ambiente, con el objetivo de identificar variedades capaces de mantener su productividad y persistencia frente a escenarios variables.
El proceso de mejoramiento requiere entre ocho y doce años desde las primeras etapas de selección hasta la obtención de una variedad comercial. Por eso, la incorporación de nuevas tecnologías busca complementar los métodos tradicionales y hacer más precisa la selección. “El mejoramiento genético tiene el poder de influir en el desempeño y la resiliencia de todo el sistema productivo”, sostuvo Odorizzi.
La iniciativa cobra especial relevancia ante el avance de la agricultura sobre zonas tradicionalmente ganaderas, que llevó a la alfalfa a ambientes más marginales y con mayores restricciones climáticas. En ese escenario, el desarrollo de materiales adaptados constituye una herramienta para fortalecer la producción forrajera y contribuir a sistemas agropecuarios más estables y sustentables.