Cultivos de servicio: una apuesta que gana terreno en Santiago del Estero
A casi tres años del inicio de las primeras experiencias en el establecimiento Don Titi, ubicado en la localidad de Pampa Mayo, departamento Banda, un proyecto conjunto entre el INTA Santiago del Estero, la Facultad de Agronomía y Agroindustrias de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (FAyA-UNSE), productores y empresas del sector continúa generando información estratégica para el desarrollo de sistemas agrícolas más eficientes y sustentables bajo riego.
La iniciativa se ha consolidado como un verdadero laboratorio a campo, donde se evalúan distintas alternativas de cultivos de servicio adaptadas a las condiciones del semiárido santiagueño, con el propósito de mejorar la salud del suelo, optimizar el uso del agua y reducir la dependencia de productos fitosanitarios.

Los cultivos de servicio constituyen una herramienta cada vez más valorada dentro de la agricultura moderna. Aunque no se implantan con fines comerciales, brindan múltiples beneficios ambientales y productivos, como el control natural de malezas, la protección del suelo contra la erosión, el aporte de materia orgánica, la fijación biológica de nitrógeno y una mayor eficiencia en el aprovechamiento del agua disponible.
En regiones semiáridas como Santiago del Estero, donde el recurso hídrico resulta determinante para la producción, estas prácticas representan una alternativa clave para fortalecer la sostenibilidad de los sistemas agrícolas bajo riego.

El establecimiento Don Titi, propiedad del productor Pedro Rainieri, se convirtió desde 2023 en un espacio de innovación donde investigadores, técnicos y productores validan tecnologías en condiciones reales de producción. Los resultados obtenidos durante este período permitieron generar información local sobre el comportamiento de diferentes especies y mezclas de cultivos de servicio, adaptadas a las características de la provincia.
El proyecto también fortaleció una importante articulación público-privada que reúne a especialistas de distintas áreas del INTA Santiago del Estero —entre ellos los grupos de Investigación en Recursos Naturales y Producción Vegetal, la Agencia de Extensión Rural Santiago-Banda y la AER Fernández— junto con docentes y estudiantes de la FAyA-UNSE.

A este trabajo se suman productores locales y empresas como Barenbrug, Pemán, RAGT, Rizobacter y Bunge, además de la colaboración de especialistas del INTA Arroyo Seco y de la Estación Experimental Agropecuaria Paraná, referentes nacionales en cultivos como arveja y colza.
Para la campaña 2026, el equipo planificó una nueva etapa de ensayos que permitirá profundizar el conocimiento generado en años anteriores. Entre las principales líneas de trabajo figura la comparación entre distintos cultivos de servicio y el barbecho tradicional, evaluando mezclas de especies como rábano, centeno, vicia, triticale y cebada forrajera, además del comportamiento de la vicia implantada como cultivo puro.

Los ensayos también incorporan nuevas alternativas productivas que, además de brindar servicios ecosistémicos, poseen potencial de renta económica. Entre ellas se encuentran diferentes variedades de trigo, colza y arveja, cuyos resultados permitirán analizar su adaptación a los sistemas bajo riego del centro santiagueño.
Otro de los ejes del proyecto apunta a la formación de recursos humanos. Los datos generados en estos ensayos sirven de base para tesis de grado de estudiantes universitarios que investigan aspectos como el comportamiento de las comunidades de malezas, la eficiencia en el uso del agua y el aporte de nitrógeno al suelo mediante la fijación biológica realizada por las leguminosas.

Los resultados obtenidos también serán difundidos en congresos científicos y publicaciones especializadas, ampliando el impacto del conocimiento generado en Santiago del Estero hacia otras regiones productivas del país.
Desde el INTA destacaron que este tipo de experiencias demuestra el valor del trabajo articulado entre organismos públicos, universidades, empresas y productores. La construcción conjunta de conocimiento no solo permite desarrollar tecnologías adaptadas a las condiciones locales, sino también fortalecer la competitividad del sector agropecuario y promover sistemas productivos cada vez más sustentables.
A tres años de su puesta en marcha, el proyecto confirma que la innovación agrícola no depende únicamente de nuevas tecnologías, sino también de la cooperación entre instituciones y productores comprometidos con una agricultura capaz de producir más, conservando mejor los recursos naturales para las futuras generaciones.