Detectan por primera vez en Argentina una bacteria transmitida por garrapatas en fauna silvestre
Un equipo de especialistas del INTA logró un hallazgo clave para la salud pública y ambiental: detectaron por primera vez en el país la bacteria Ehrlichia chaffeensis en ejemplares de ciervo de los pantanos y en las garrapatas que los parasitan. El estudio, que aporta evidencia directa de un posible ciclo de transmisión activo en la fauna silvestre, fue publicado en la revista internacional Parasites & Vectors.
La bacteria Ehrlichia chaffeensis es un patógeno intracelular transmitido por garrapatas que puede afectar a ciervos, cánidos y seres humanos. En personas, puede causar la ehrlichiosis monocítica humana (HME), una enfermedad con síntomas similares a los de la gripe que, en algunos casos, requiere hospitalización.

El trabajo fue llevado adelante por investigadores del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO), dependiente del INTA y el Conicet, quienes detectaron la bacteria en ciervos de los pantanos (Blastocerus dichotomus) y en garrapatas de la especie Amblyomma triste que se encontraban alimentándose de estos animales.
Según explicó Marisa Farber, este hallazgo se apoya en años de trabajo previo. En 2008 ya se había detectado la bacteria en garrapatas en Santiago del Estero, constituyendo la primera evidencia de su presencia en América del Sur. Sin embargo, en aquel momento no se había podido establecer una conexión directa con un hospedador infectado.

Ese vínculo comenzó a esclarecerse a partir de 2018, cuando la bacteria fue hallada en poblaciones de ciervos de los pantanos en distintas regiones del país, como Corrientes y el Delta bonaerense. Desde entonces, los investigadores avanzaron en una vigilancia activa para comprender mejor su comportamiento.
El estudio actual se enmarca en un proyecto de monitoreo de salud en fauna silvestre impulsado por el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA), liderado por Marcela Orozco. Durante siete años, entre 2018 y 2024, se analizaron muestras de sangre y tejido de ciervos, así como garrapatas recolectadas en el Delta del río Paraná.

Como resultado, se identificó ADN de la bacteria en dos muestras de sangre de ciervo y en las glándulas salivales de tres garrapatas que parasitaban a uno de esos animales. Este dato es especialmente relevante, ya que confirma que las garrapatas estaban activamente infectadas y no simplemente transportaban restos de sangre.
“Es la primera vez que se detecta de manera conjunta un hospedador infectado y una garrapata también positiva a esta bacteria alimentándose de él, lo que fortalece la evidencia de un ciclo de transmisión activo”, destacó Eliana Guillemi.

El trabajo también pone de relieve la complejidad del diagnóstico de este tipo de patógenos. Al tratarse de una bacteria intracelular, no puede cultivarse mediante técnicas tradicionales, por lo que se requiere el uso de herramientas de biología molecular para su detección tanto en animales como en vectores.
Finalmente, los especialistas subrayaron la importancia de avanzar hacia enfoques integrales de vigilancia que contemplen la salud ambiental, animal y humana como un sistema interconectado. En ese sentido, este hallazgo no solo amplía el conocimiento científico, sino que también alerta sobre la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo en ecosistemas de alta biodiversidad.