Cuchillos Bertoli: la creación de un artesano que llevó a Santiago del Estero por el mundo

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De espíritu viajero, convirtió su pasión en el emprendimiento que lo llevó a construir miles de cuchillos artesanales de cacería, los cuales recorren el mundo en manos de viajeros.

Un viaje desde Italia a Santiago

La historia de Raul Bertoli comienza el 11 de abril de 1949, cuando nació durante unas vacaciones familiares en Charata, Chaco, en la casa de unos parientes. Su conexión con el mundo de los cuchillos proviene de una rica historia de cacerías que, según su recuerdo, se remonta a su abuelo italiano. “Él era cazador de pieles, venía desde Italia hacia América del Norte a cazar osos y lobos, juntaban todos los cueros durante seis meses y volvían a Europa”, rememora, revelando así las raíces de su pasión por los cuchillos.

Los inicios en la juventud

A los 18 años, la vida de Raul dio un giro hacia y por casualidad descubrió el oficio que se convertiría poco después en su pasión: los cuchillos. Su primer cuchillo surgió de un machete encontrado en el campo: “En esa época éramos dos o tres amigos los que siempre andábamos juntos. Uno de ellos tenía un taller y algunas máquinas, en ese momento aún no lo sabía, pero era de buena calidad, y de él hice mi primer cuchillo”, recuerda sobre el episodio de la adolescencia que marcó el inicio de un perfeccionamiento constante que lo mantiene trabajando hasta la fecha.

De dibujante técnico a maestro de cuchillos

Tras egresar en la Academia de Bellas Artes, Raul fue dibujante técnico en el sector de estudios y proyectos de riego y drenaje en la vieja Agua y Energía. Viajó por todo el país, coleccionando objetos naturales que más tarde se convertirían en detalles únicos para sus
cuchillos.

Un maestro no se hace de la noche a la mañana: “La etapa de experimentos en los talleres de mis amigos fue muy importante porque conocí y probé materiales de calidad y descubrí una forma de que no se manchen, con una emulsión especial después de templarlos a 1050ºc para darle la dureza total al acero”.

La originalidad en cada detalle: la elaboración de cuchillos, modelos y materiales La fabricación de un cuchillo para Raul es un proceso meticuloso y artesanal. Desde cortar el acero hasta pulir, desbastar, afinar, hornear y templar, cada cuchillo lleva consigo horas de dedicación. “O lo hago bien, o lo hago mal y no lo hago”, afirma, subrayando su compromiso con la perfección.

Si bien es difícil estimar tiempos, hacer un cuchillo desde cero le lleva, con dedicación plena, entre 14 a 40 días de trabajo, dependiendo del modelo y los detalles

Raul trabaja con una variedad de modelos, desde los estándar criollos, realizados con Aceros Krupp 420, Aisi 6150; con empuñaduras en maderas regionales o astas; topes en bronce aluminio o acero inoxidable y vainas en cuero natural, hasta modelos exclusivos con acero Boehler K110, 440C, ATS34, empuñaduras en maderas preciosas como el ébano, palisandro, maple, topes en plata u oro, labrados y con vainas forradas en cueros de serpiente o de lagarto, todos realizados por encargo. Su búsqueda constante de materiales de calidad lo llevó a trabajar con aceros importados, como el Böhler austriaco, conocido por su resistencia al desgaste.

El artesano tiene la virtud de encontrar y destacar la utilidad y la belleza de cada elemento que utiliza, y Bertoli tiene un ojo bien entrenado para hacer de cada retazo una parte fundamental de sus cuchillos. Nada se descarta, todo se convierte en un detalle de un cuchillo rústico, con pedacitos de cuero, incrustaciones de piedras, plumas y metales. Ideas que van surgiendo mientras se trabaja.

Los cuchillos Bertoli son únicos en cada aspecto. Los mangos están elaborados con maderas exóticas de colores divinos, y las más resistentes del Chaco santiagueño, como el itín, el quebracho colorado, el guayacán, mistol; así como también metales como plata, oro, alpaca y asta de ciervo, contribuyen a la singularidad de cada pieza.

Artesanía y Amistad La cacería no solo marcó el camino hacia su taller, sino que también le brindó amistades duraderas. Unos de ellos son Hugo y Ernesto, compañeros de experiencias que durante 25 años, viajaron y protagonizaron cientos de anécdotas que tienen de escenario el corazón del monte argentino.

A través de exposiciones y viajes, los cuchillos Bertoli alcanzaron reconocimiento internacional. Participó de grandes exposiciones en Buenos Aires y viajó hasta Italia llevando su arte. Llevaba entre 60 y 80 cuchillos a cada exposición y viajaba siempre acompañado de su esposa e hijos.

Y así conoció a mucha gente del exterior que compartía su pasión y sus cuchillos llegaron a Estados Unidos, Italia, Francia, la India y otras partes del mundo, con el sello Bertoli, artesano santiagueño.

Estos eventos le permitieron aumentar su cartera de clientes que si bien no compraban cuchillos todos los días, al hacerlo con regularidad hicieron del negocio un emprendimiento sostenible.

En sus mejores años ha llegado a tener listas de espera de hasta 30 cuchillos: “¡Preparaba cuchillos para las exposiciones y me los quitaban de las manos!”, recuerda emocionado.

Silvia, la compañera de vida

Protagonistas de una historia digna de película, Raul y Silvia se conocieron en Santa Fe cuando él aún trabajaba en Agua y Energía. “Me enamoró con la cocina”, confiesa con nerviosismo sobre la segunda cosa que la arquitecta sabe hacer con precisión. Luego de establecerse en Santiago, con su familia ensamblada con 5 hijos (Adrián, Matías, Maximiliano, Stefanía y Vívian), Silvia comenzó a enseñar en Bellas Artes, y cuando salía de dar clases le hacía compañía en el taller.

El taller siempre fue base, y Silvia su compañera. “¿Te ayudo con algo?” dijo un día y comenzó a marcar el cuero para una vaina, otro día se animó a cortar, y luego ya las confeccionaba y hasta terminaba los últimos detalles de cada una, hechas a medida de cada cuchillo. Así se convirtió en la artesana de las vainas en cuero, con diseños personalizados, y su compañera de exposiciones, de viajes, y la voz que lo alentó en los momentos que se hicieron más cuesta arriba.

El estilo que lo hace único

Los cuchillos de Bertoli no solo son obras de arte, sino también funcionales. Raul destaca la versatilidad y comodidad de cada pieza. “Mis cuchillos están hechos para lucirlos y para usarlos”, enfatiza, destacando la fusión de estética y utilidad.

El desafío de vivir del arte, la jubilación y un viaje que continúa

En un abrir y cerrar de ojos, con un sinfín de historias en el medio, han pasado más de cuatro décadas desde que aquel joven cazador se animó a hacer su primer cuchillo y la vida le dio el privilegio de vivir dedicándose a su arte. Hoy, con más de 70 años, Raul enfrenta nuevos desafíos en su carrera. La pandemia y la dificultad para poner precio a su trabajo artesanal han impactado sus ventas. Aún así, su dedicación persiste, respaldada por el apoyo de su familia.

Con la ayuda de sus hijos, logró tener su página web la cual le permite mostrar al mundo su trabajo en un solo click; siempre con la esperanza viva de seguir vendiendo cuchillos, porque el viaje de elaborarlos, como lo hizo desde el primer día y hasta hoy, no se terminará jamás.

“He viajado por muchos lados, he tenido la suerte de poder hacer todo deporte y toda actividad que he querido, pero esto (los cuchillos), son mi pasión, quizás mi viaje se termine aquí en Santiago, pero voy a seguir trabajando en mi taller, hasta que se me termine la vida”.

Por Lourdes Suarez Torres
Para Data Santiago

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